Reconquistar Plenty (Colin Greenland) Libros Clásicos

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Estaba encima de una mesa. Tabitha creía recordar que llevaba un cepillo de dientes dentro, y empezó a hurgar en la bolsa. No lo encontró, pero en el fondo de la bolsa había una cinta medio enterrada entre la confusión de objetos.
Tabitha la sacó y la contempló. Recordaba vagamente haberla sacado de la bolsa anoche, pero no recordaba haberla metido dentro de nuevo. Fuera lo que fuese, no tenía ni idea de qué podía ser. El estuche era negro, no había ninguna etiqueta y ni tan siquiera llevaba una marca de fábrica. Tabitha se preguntó de dónde la habría sacado y quién la estaría buscándola en aquellos momentos.
El equipo cubierto de polvo situado junto a los estantes poseía un lector. Tabitha fue hasta él y lo encendió.
-¡Horrenda y melancólica historia de gran tristeza! -gritó Tal de repente.
Tabitha dio un salto y tuvo la impresión de que su cabeza había rebotado en el techo.
-Cristo, pájaro... No hagas eso -murmuró.
El maldito loro estaba empezando a ponerle los nervios de punta.
Metió la cinta anónima en la ranura.
Pero lo que brotó de los altavoces no la ayudó mucho. La cinta sólo parecía contener un mar de silbidos muy suaves con un matiz casi imperceptible de ultrasónicos y un crujido persistente y repetitivo. El resultado se aproximaba tanto a la nada que Tabitha se preguntó si la habría metido mal. Se inclinó sobre el lector para asegurarse de que la cinta estaba girando y echó un vistazo a las agujas de los amperímetros.
Marco alargó una mano por encima de su hombro y pulsó dos veces la tecla de parada.
La cinta salió de la ranura.
Marco deslizó las manos por debajo de los brazos de Tabitha y la alzó suavemente haciéndola girar por el aire hasta dejarla de espaldas al equipo. No se había afeitado y llevaba puesto un albornoz de toalla considerablemente deshilachado. Sus inmensos ojos castaños estaban opacos e inexpresivos. Su cuerpo olía a calor y a sueño. Tabitha se acurrucó entre sus brazos y le besó.
-No hay nada grabado -dijo.
Marco volvió a alargar un brazo, sacó la cinta del lector y la metió en el estuche.
-¿Quieres música? De acuerdo, buscaré algo de música -se apresuró a decir y apartó la mirada de su rostro.
Cogió una cinta del estante y la metió en la ranura.

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