Reconquistar Plenty (Colin Greenland) Libros Clásicos

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La solución más lógica era instalarle allí dentro. Tabitha estaba cansada y tenía resaca, y sabía que las cinco horas siguientes transcurrirían sin que consiguiera conciliar el sueño. No cerraría los ojos hasta después de haber atracado en Plenty.
-Tabitha... Relájate, ¿quieres? -dijo Marco, y tiró de ella haciéndola retroceder hasta el angosto pasillo-. Estás increíblemente tensa. ¿Crees que serás capaz de conducir en ese estado? Yo creo que no...
Empezó a darle masaje en los hombros.
Y un instante después Tabitha estaba besándole.
Besar a un hombre tan guapo a bordo de su nave era una opción que no solía estar a su alcance, y pensó que sería mejor que aprovechara la oportunidad ahora que se le ofrecía. Todos los placeres se esfumaban demasiado pronto, y Tabitha pensó que éste no iba a ser una excepción.
-Bueno... -dijo Marco cuando volvieron a ser conscientes de lo que les rodeaba-. ¿Vas a enseñarme el resto de la nave?
La compuerta de popa de la bodega estaba abierta. Marco cogió la caja de Tal. Tabitha le agarró por la otra mano y le guió.
-¡Oh, sí! ¡Esto es magnífico! exclamó Marco volviendo a dejar la caja en el suelo. Su voz creaba ecos en el vacío de la bodega-. ¡Es increíble!
Se había metido las manos en los bolsillos de atrás y la postura de su cuerpo y su sonrisa creaban una impresión de conjunto que Tabitha pensó sólo podía definirse con la palabra "triunfante". Estaba admirando su nave, y eso le gustaba pero también hizo que volviera a sentir dudas.
-¿Cuánto equipaje tendremos que transportar?
-Oh, te aseguro que no habrá problema. Hay espacio más que suficiente para todo el mundo.
Tabitha se dio cuenta de que Marco hablaba en serio cuando dijo que quería inspeccionar la nave. Echó un vistazo a las unidades de carga incrustadas en sus orificios, revisó las conexiones de los sistemas de aire y de energía, las esclusas de cada extremo y los controles internos de las puertas y del techo. Subió hasta la pasarela e inspeccionó el techo, y paseó por ella contemplando la bodega vacía mientras emitía ruiditos de apreciación -"Hm... Sí, bien..."-, y Tabitha pensó que parecía un auténtico experto en naves. Después se subió a la barandilla y se colgó del extremo de un extensor de carga, balanceándose de un lado a otro en una hermosa exhibición de musculatura.

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