Reconquistar Plenty (Colin Greenland) Libros Clásicos

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Podrías entretenerme tocando un par de compases de "Casey Jones", ¿verdad?
-¿Casey quién? -exclamó Tabitha, pero extendió la mano hacia él-. Anda, dámela.
Marco se la arrojó y la armónica giró lentamente por los aires.
Tabitha la pilló al vuelo.
-Recuerda que te he avisado -dijo.
Tocó una canción sobre el whisky que su tía Muriel le había enseñado cuando vivían en Integridad 2. Tuvo algunos problemas con un par de pasajes, y Marco la escuchó en silencio con su mejor cara de atención cortés.
-No ha estado tan mal -dijo cuando hubo terminado.
-Oh, sí que ha estado mal -dijo Tabitha-. Ha estado fatal. Debería practicar más.
-Quizá. -Marco se encogió de hombros-. No creo que sea tiempo lo que te falte.
-Tienes razón. -Tabitha volvió a concentrar su atención en la consola-. De hecho me temo que he practicado demasiado... Soy toda una experta con la armónica. -Volvió a mirarle-. He tocado bastante peor que de costumbre, ¿sabes? -añadió-. Normalmente no tengo público.
-¿No?
-Ya te he dicho que nunca permito que nadie utilice esa red.
Marco empezó a juguetear con una esponja que había estado flotando
cerca de él.
-Toca alguna otra cosa con tu órgano bucal -dijo Marco mientras intentaba conseguir que la esponja girara en el aire delante de su nariz sin apartarse de ella.
-No -dijo Tabitha.
-Me gustaría juguetear un poco con tu órgano bucal.
Tabitha le ignoró.
-Y con tu...
-Toma.
Le lanzó la armónica.
Marco la cogió al vuelo y tocó una melodía dulce y triste, un lamento quejumbroso y melancólico que subía de tono cada tres compases como si se dispusiera a librarse de toda esa pena para revolotear libremente; pero el cuarto compás hacía que volviera a enroscarse sobre sí misma y se derrumbara a veces de mala gana pero siempre resignadamente, como si supiera que iba a caer de nuevo, como si llevara miles de años atrapada en ese proceso interminable de luchar y volver a caer. Pero cada vez que el tercer compás volvía a presentarse la melodía parecía hacer acopio de valor y sacar nuevas energías de alguna fuente oculta, y la caída de cada nuevo cuarto compás quizá fuera un poquito menos pronunciada, y Tabitha acabó quedando cautivada por la música aunque hizo todo lo que pudo para evitarlo.

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