Reconquistar Plenty (Colin Greenland) Libros Clásicos

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Tabitha oyó un chillido estridente. Alguien se había atrevido a tocarlo, o había sido empujado. Los ancianos se dispersaron por entre la confusión de cuerpos golpeando indiscriminadamente todas las cabezas que se les ponían por delante.
-¡Cheeee! ¡Cheeeee!
-Siempre actúan igual -le explicó Marco-. Tienes que pagarles para que te dejen en paz y no estorben, y luego tienes que pagar a la otra cuadrilla para que se encargue de las conexiones.
La cabina de la Alice estaba empezando a llenarse de vapor. Tabitha extendió una mano y creó un creciente lunar en la capa de condensación que se había ido acumulando sobre el parabrisas.
-Bueno, ¿y a qué esperas para pagarles? -exclamó.
-Dentro de un momento, dentro de un momento... Es increíble, ¿verdad? Un auténtico drama...
Dejó escapar una risita.
Tabitha no dijo nada. El espectáculo no le hacía ninguna gracia. Odiaba a esos perks y a todos los perks, y los odiaría hasta el final de sus días. No se sentiría tranquila hasta que los doscientos cincuenta de la multa hubieran sido enviados a través del vacío con rumbo a la Comisaría Mirabeau, pero tampoco tenía muchas ganas de meterse en la vasta y ominosa cúpula de los placeres que se cernía sobre sus cabezas.
Deben recordar que Tabitha Jute aún no había puesto los pies en los otros pisos de Plenty. Siempre había preferido aceptar su reputación sin ponerla en tela de juicio y, como creo haber dicho antes, Plenty tenía muy mala reputación. Plenty parecía ser un sitio muy peligroso en el que podían robarte, violarte o borrarte de la existencia con una temible rapidez y una aterradora falta de escrúpulos; un lugar donde personas a las que no conocías de nada podían cobrarte sumas de dinero rayanas en el chantaje por hacer cosas o prestarte servicios que no habías solicitado y que no deseabas en lo más mínimo. No, la capitana Jute tenía más que suficiente con los muelles... Lo peor que podía ocurrir aquí era que se produjeran extraños y repentinos deslizamientos entre las sombras donde un minuto antes no había nada, que un mecánico vespano con algún tornillo flojo te aburriera contándote historias sobre un fabuloso tesoro frasque abandonado en un hangar cercano al que se llegaba con sólo doblar el próximo recodo o que una cuadrilla de extorsionadores perks intentara sacarte el dinero.

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