Reconquistar Plenty (Colin Greenland) Libros Clásicos

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Una multitud de unidades de carga se fue congregando lentamente a su alrededor. La explanada parecía estar libre de perks.
Los Gemelos abandonaron la red antes de que se detuviera. Saltaron al suelo y fueron hacia la mujer, deteniéndose uno a cada lado de ella para saludarla con una reverencia y un aleteo de las manos.
-Los Asombrosos Gemelos Zodíaco, señora. -Co
nuestros mejores deseos..
-Dos entradas para nuestra función de esta noche
La mujer se llevó un dedo al electrodo de su centro auditivo y lo acarició
con la yema. Estaba recibiendo alguna transmisión. Contempló las entradas que le estaban ofreciendo, pero no intentó cogerlas. Saskia-¿o era Mogul?- se las metió en uno de los bolsillos delanteros de su mono.
-El Jardín Mercurio. -¡
las ocho
Los Gemelos se alejaron dando veloces volteretas sobre las manos y lo

pies. -Esperen un momento... -gritó la mujer. Los Gemelos se quedaron inmóviles y se volvieron lentamente hacia ella. -Tasa portuaria -dijo la mujer hablando muy despacio . Permiso de
entrada. Pasaporte. Documentación del vehículo. La red dejó libre a Tabitha con el tiempo justo para que pudiera ver como Mogul Zodíaco movía la mano trazando una serie de pases ante los ojos de la
mujer. -Creo que está todo en orden -dijo enseñándole la mano. Su mano estaba vacía.
Marco la ayudó a salir de la red con una auténtica exhibición de galantería y buenos modales. Tabitha se apartó de él, pero Marco no se dio por vencido.
-Tómatelo con calma, ¿quieres? -murmuró-. Ya casi lo hemos conseguido.
-¡Déjame en paz! -gritó Tabitha.
La supervisora volvió la cabeza hacia ellos y les lanzó una mirada vidriosa. Las unidades imitaron su gesto.
-Es mi hermana -explicó Marco con una sonrisa absurdamente jovial mientras la abrazaba con todas sus fuerzas-. Marigold la Mentalista... El viaje espacial siempre la pone de muy mal humor. Vamos, hermanita, ya no corres ningún peligro...
Tabitha le apartó dándole un violento empujón y se dispuso a lanzarle un puñetazo aunque eso le costara volver a la cárcel, pero... La mujer les estaba mirando y Tabitha no tenía ni idea de quién podía estar observándoles a través de sus ojos. No necesitaba más problemas de los que ya tenía, y acabó bajando la mano.
Sabía que la policía no se limitaría a ponerle una multa.

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