Reconquistar Plenty (Colin Greenland) Libros Clásicos

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No parecía haber ningún tipo de código de tráfico o sistema de señalización que guiara a los vehículos.
El taxi bajó a toda velocidad por una rampa que llevaba a una mezcla de explanada y complejo de edificios y redujo la velocidad para abrirse paso por entre los visitantes que recorrían los puestos de regalos y los comercios al por menor. Habían entrado en el reino de la ganga y lo poco duradero. Las hileras de chaquetas acolchadas y las torres de cajas de herramientas y conectores pornográficos apenas dejaban espacio libre. La atmósfera apestaba a especias, azúcar y cordita. Alguien gritó y les arrojó una lata que rebotó en el parachoques delantero del taxi.
-Tengo hambre -dijo Saskia de repente.
Tabitha se volvió involuntariamente al oír la voz y supo que era Saskia gracias al bigote.
Los Gemelos compartían una voz ronca y algo gutural, un torrente cálido con un lecho de consonantes tan duras como piedras. Bastaba con oírles hablar para darse cuenta de que el inglés no era la primera lengua que habían aprendido. Tabitha se preguntó si serían extraterrestres de alguna especie desconocida.
-Tengo tanta hambre que podría comerme un caballo yo sola -dijo Saskia.
Miró a su alrededor contemplando las luces y los puestos como si esperara ver materializarse un caballo ensartado en un espetón dando vueltas sobre las llamas.
-Tengo tanta hambre que sería capaz de comer moscas y gusanos -dijo con mucha seriedad, y se echó a reír-. Y escarabajitos marrones de esos que hacen crunch-crunch cuando los muerdes... -Acarició la cabeza de su hermano-. ¿Tienes hambre?
-El hambre nos hace más astutos y perspicaces dijo su hermano en un tono de voz lánguido y cadencioso, como si su mente estuviera muy lejos de allí.
-Paparruchas dijo Saskia-. El hambre hace que te sientas hambriento y punto.
Empujó a Tal con la punta de un pie como si hubiera decidido descargar su malhumor en él. Tal respondió asestando un feroz picotazo en su bota.
El taxi giró y se metió por un callejón lleno de baches. Las habitaciones de los pisos superiores sobresalían cerniéndose por encima de la calzada en una enloquecida profusión de ángulos que acogían a una amplia gama de astrólogos, cartománticos y terapeutas de métodos tan dudosos como sus reputaciones. Los pozos y cavernas de abajo estaban delimitados mediante un complejo sistema de alfombras y cortinas.

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