Reconquistar Plenty (Colin Greenland) Libros Clásicos

Página 114 de 455


Marco se retorció en el asiento y volvió la cabeza hacia la caverna que acababan de abandonar.
-No es por aquí -dijo-. ¿O sí?
Tabitha le miró y miró a los Gemelos, quienes no abrieron la boca. Saskia y Mogul permanecían inmóviles y sonreían como si estuvieran compartiendo un secreto que no pensaban revelar.
Tal captó la sequedad del tono de voz empleado por Marco y voló hasta su rodilla lanzando un graznido estridente. Marco se puso en pie y le apartó de un manotazo. Tal logró recuperar el equilibrio y se posó sobre la pierna de Tabitha.
-¡No me toques! -chilló Tabitha manoteando frenéticamente.
El pájaro alienígena esquivó sus golpes sin ninguna dificultad.
Marco se había arrodillado encima del asiento y estaba intentando echar un vistazo al panel de control.
-¿Quién ha programado este trasto?
Los Gemelos intercambiaron una mirada de diversión.
Tabitha se encaró con ellos.
-¿Qué habéis hecho?
-Nada -dijeron a coro.
-No hemos hecho nada, capitana dijo Mogul.
Iban demasiado deprisa para saltar del taxi.
Tabitha se puso en pie y apartó a Marco de un empujón para examinar los controles. No había ninguna clase de instrucciones o placas explicativas, y los controles eran de un tipo con el que no estaba familiarizada. Sacó su cortaplumas y empezó a clavarlo en el panel esperando cargarse alguna conexión que fuera vital para el funcionamiento del vehículo.
El tiempo seguía transcurriendo, y cada segundo la acercaba un poco más a las enigmáticas profundidades de Plenty.
"Alice, juro que en cuanto haya salido de esto me ocuparé de ti -se prometió-. Te dejaré como nueva... No os llevéis mi nave. Por favor, no os llevéis mi nave. Si me quitan la nave..., juro que mataré a alguien."
Ninguna de las averías que estaba causando parecía afectar en lo más mínimo al taxi. El pequeño vehículo seguía internándose en aquel espantoso laberinto.
El frío se estaba haciendo más intenso a medida que bajaban. Los túneles cada vez eran más oscuros, y la única iluminación procedía de los tubos biofluorescentes suspendidos a intervalos irregulares de agujeros practicados al azar en el techo, situado a menos de medio metro de sus cabezas. El taxi corría velozmente de un charco de luz pálida e inquietante a otro saltando sobre las protuberancias de color marrón que salpicaban el pavimento como si fueran burbujas.

Página 114 de 455
 


Grupo de Paginas:                       

Compartir:




Diccionario: