Cuesta abajo (Leopoldo Alas Clarín) Libros Clásicos

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No tanto me recordaba el templo por la sencilla forma, como por la situación que ocupaba a media ladera, en­tre follaje, en un montículo que parecía artificial, una imitación de las lomas vecinas hecha por los pastores. El Castillo no era más que un an­tiguo torreón edificado en lo más alto de un cerro, en un prado de yer­ba muy alta, heredad de la casería de Pombal.
-Si no fuese por las de Pombal, bajaría -me había yo dicho mil veces, contemplando desde lo alto las hermosas profundidades del va­lle angosto, que me atraían con el secreto de su misterio. En vano la ra­zón me decía que allá abajo no habría más que cosas parecidas a las que ya veía y tocaba del lado de acá de la colina, en el valle nuestro, más grande y claro: una superstición dulce me inclinaba a imaginar, en aquellos parajes desconocidos para mí, novedades y atractivos de que los aldeanos que frecuentaban tales sitios no me hablaban porque ellos no los veían. Los nombres de la parroquia, barrios, lugares y cuetos y vericuetos del valle desconocido me eran familiares: trataba yo a mu­chos de los vecinos de aquel misterioso país; y, con todo, lo tenía por singular, lleno de sorpresas, de emociones nuevas para mí... si me de­terminaba a bajar. Pero estaban allí las de Pombal y no bajaba. ¿Por qué? Porque me daba vergüenza encontrarme con señoritas. Además, si había algo penoso en aquel miedo a bajar, también el encanto del misterio y el temor de que éste desapareciese contribuían a dilatar mi resolución de entrar por aquellas arboledas adelante.
En vano el más sencillo raciocinio me demostraba fríamente que nada debía esperar ni temer de la excursión siempre aplazada: había en mí algo que mantenía la ilusión con sus mezclas de esperanza loca y de temores absurdos, algo instintivo, muy arraigado en el alma, y que de­bía de ser del mismo orden de energías que el apego a la vida que si­guen mostrando la mayor parte de los pesimistas, que, sin quererlo ni creerlo, siguen naturalmente esperando algo de ella.

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