Cuesta abajo (Leopoldo Alas Clarín) Libros Clásicos

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.. y de ave de rapiña, para estudiar en mi rostro la impresión del rápido pero intenso contacto de su busto con mi cuerpo. Pero de estas cosas se ven en el mundo; y así fue, como lo digo.
15 de enero. -Tampoco sé yo si conservo la unidad de carácter del héroe confesando que, a pesar de lo que pasaba por mí con motivo de la presencia de Elena, de quien me estaba yo enamorando, el achu­chón de Emilia y la mirada que le acompañó me causaron una delicia carnal desconocida para mí hasta aquel momento.
Fue un excitante, además de una revelación, aquel incidente ins­tantáneo; y ello fue que me vi a poco entre las dos hermanas en la glo­rieta del jardín, sintiendo algo semejante a lo que debiera sentir un ga­llo entre sus gallinas, si los gallos fueran más psicólogos y menos sen­suales. Sin embargo, la vanidad entra por mucho, a mi entender, en el apego que tiene el gallo a su corral; y esa vanidad le viene, tal creo, más que del mando autocrático y de la conciencia de su valor guerrero, de la contemplación del eterno femenino siempre a su exclusiva dispo­sición.
La rabia que se profesan los gallos, a priori, no emana de una emulación genérica en el terreno de las armas, o dígase espolones, sino de la cólera que le inspira a cada gallo la idea de la pluralidad en el propio sexo. -¿Por qué ha de haber más gallo que yo? -pensarán. ¡Qué desengaño tan doloroso debe de ser para cada uno de ellos la aparición de otros espolones en su corral!
De mí sé decir que sin ser, en la ocasión a que vengo refiriéndo­me, no ya gallo, ni siquiera pollo, estaba muy satisfecho sintiéndome solicitado por la coquetería, o lo que fuera, de ambas hermanas, que cada una a su manera, Emilia con plena conciencia y arte, la otra sin darse clara cuenta del propósito, deseaban agradarme. Sí: comenzaba a existir entre ellas una rivalidad inconsciente, pudiera decirse con aproximada propiedad de la palabra. Si hasta aquella tarde habían ju­gado a la queda, ahora (es decir, entonces) empezaban otro juego más peligroso, menos inocente, a lo menos en Emilia.

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