A Dios por razón de estado (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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que aunque en rigor no me toca
satisfacerte, pretendo,
ya que a dos luces me hablas,
mostrar que a una y otra atiendo.
Yo soy la Gentilidad,
cuyo nombre me dio el mesmo
significado del nombre,
pues las gentes que poseo,
por su grande multitud,
me aclaman así, advirtiendo
que en las gentes el mayor
número a mi cargo tengo,
bien que negando mis dioses,
el bárbaro Ateísmo ciego,
muchas me llevo tras sí;
pero no es del caso esto,
y así, hablando de mí sola,
a atar el discurso vuelvo.
Yo soy la Gentilidad,
y aunque corte es de mi imperio
Roma, por quien a segunda
luz también yo me interpreto
Europa, esta parte de Asia
hoy me merece, asistiendo
al ceremonioso rito
de los devotos festejos
de un ignoto Dios, a cuya
causa ves sin ara el templo,
altar ni estatua, porque
aunque noticia tenemos
de Él, es noticia remota,
y así, esperando y creyendo
que próxima la tengamos,
esta invocación le hacemos
en fe de venturo Dios,
como aclamando, y pidiendo
que al desocupado solio
venga a llenar el asiento.
Paréceme que tú ahora
entre ti estarás diciendo
qué razón hay para que
yo espere nuevo Dios, puesto
que en la Gentilidad mía
de uno el número pequeño
no puedo hacer falta, cuando
más de tres mil dioses tengo.
Pues para que no lo digas
y sepas con qué pretexto
al nuevo ignorado Dios
culto y fábrica prevengo,
sabrás que es porque entre tantos
sabios y doctos sujetos
como la escuela de Atenas
laureó en sus cátedras, siendo
de la gran Filosofía
honor, patria, lustre y centro,
los que más me señalaron
fueron los estoicos, siendo
cuidado de sus estudios,
de sus vigilias desvelo
el desprecio de la vida,
investigando, inquiriendo,
y apurando, siempre humildes
(si ya no siempre soberbios),

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