A Dios por razón de estado (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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la sacra naturaleza
de los dioses discurriendo
en una primera causa,
a cuyo cargo quisieron
que estuviese reducido
el orden del universo;
de éstos, pues, al creer que todo
debajo está de un gobierno
y que con igual arbitrio
cuida algún poder inmenso,
desde el hombre hasta el gusano,
y desde el mayor lucero
a la menor planta, dijo
uno, había un Dios supremo,
todo manos, todo ojos,
todo oídos a que luego
causa, añadió, de las causas.
Otro, que dijo muriendo,
ten de mí misericordia,
cuyos dos altos acuerdos
pusieron en esperanzas
de que había de venir tiempo
que este Dios, causa de causas,
de ojos, manos y oídos lleno,
se nos declare, y se dé
a conocer y así, a efecto
de persuadirle con dones
y de obligarle con ruegos
en este sagrado monte,
que yace, eminente, en medio
de Heliópoli, ciudad
del sol, y Atenas, asiento
de las ciencias, consagró
la vecindad de esos pueblos
ese alcázar, dedicando
la majestad de ese templo
al ignoto Dios, a cuyos
umbrales cada año hacemos
festivas aclamaciones,
y pues que ya, satisfecho
tu discurso, no le queda
réplicas al argumento,
nada respondas, sino
ociosamente suspenso
atiende al alegre culto
de nuestra Música, puesto
que en materias de fe, sólo
toca callar al Ingenio.
INGENIO Bien dices, pues aunque ya
quiera responder, no puedo
según me deja admirado
de vuestro rito el pretexto;
y así, proseguid, que yo
ni lo apruebo ni repruebo.
¡Ay, Pensamiento, contigo
qué de cosas que hablar tengo!
PENSAMIENTO Pues luego me las dirás,
que, por ahora, más quiero
introducirme en el baile
que en la duda.
INGENIO Según ello,
¿no me cumples la palabra,
pues me dejas?
PENSAMIENTO No te dejo
sino es póngome de esotra
parte por este momento,
que soy un poco alegrillo
de cascos, y más deseo

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