A Dios por razón de estado (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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cuanto apasionado juez
has dado la muerte a un hombre
no sustanciándole bien
el proceso, cuya injusta
sentencia ojeriza fue
de los dioses, pues los cielos
en uno y otro vaivén,
al expirar titubearon,
casi arrancados del es,
a residenciarte traigo
ese ejército que ves,
de cuyas tropas llamada
de aquella voz que escuché
a defender estas vidas
me he adelantado.
PABLO Y es bien
que viendo la Sinagoga
me defiendas tú.
SINAGOGA ¿Por qué?
PABLO Por que la predicación
hoy de la tercera Ley,
que a la Gentilidad pasa
con esto explicada esté.
SINAGOGA ¿Qué tercera Ley?
GENTILIDAD A mí
eso me toca entender,
y pues a residenciarte
vengo, conviene saber,
¿qué tercera Ley ese hombre
quiso introducir?
SINAGOGA La Ley
misma que yo me tenía
(como ya dije) en Moisés,
creciendo la natural
de dos preceptos a diez.
GENTILIDAD Y la natural, ¿cuál era?
SINAGOGA Ella lo dirá más bien,
que entre las caducas ruinas
de esta deshecha pared
yace lamentando el siglo
que tan sin ella se ve.
(Descúbrese LA LEY NATURAL al pie de un árbol, el cual
ha de tener revuelta una serpiente.)
GENTILIDAD Ah, de la Ley natural,
atiende a mis voces.
LEY NATURAL ¿Quién,
de las malicias del mundo
huyendo el vago tropel,
vuelve a pisar mis umbrales?
GENTILIDAD Quien de ti intenta saber
los fundamentos que Dios
puso en tu primero ser.
LEY NATURAL Que amase a Dios más que a mí
y a mi prójimo después
como a mí, cuyo suave
yugo, paz y sencillez
se perturbó en este árbol,
pues desde entonces quedé
sujeta a las inclemencias
de saber del mal y el bien.
GENTILIDAD Sobre esos dos fundamentos,
los que tuvisteis después
cuáles son?
PABLO La Ley Escrita
también lo dirá.
LEY ESCRITA Sí haré.
(Ábrese el segundo carro, y en otro peñasco LA LEY

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