La cena de Baltasar (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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BALTASAR Un día me amanece en otro día (Aparte.),
y entre la Vanidad e Idolatría,
la más hermosa, el alma, temerosa,
duda; porque cualquiera es más hermosa
cuando con el aplauso lisonjero
rey me apellido, y Dios me considero.
IDOLATRÍA ¿De qué te has suspendido?
VANIDAD ¿De qué te has divertido?
BALTASAR Tu gran beldad, ¡oh Idolatría!, me admira;
tu voz, ¡oh Vanidad!, dulce me inspira,
y así, por que divierta mi tristeza
movido de tu aliento, y tu belleza,
hoy a las dos pretendo
desvanecer, y enamorar, haciendo
la Idolatría alarde de mis glorias,
cuando la Vanidad de mis victorias.
De aquel soberbio Nabuco
a cuyo valor, y a cuya
majestad obedecieron
hado, poder y fortuna
de aquel rayo de Caldea,
que desde la esfera suya
flechado, Jerusalén
llora su abrasada injuria.
De aquel que a cautividad
redujo la sangre justa
de Israel, transmigración
que hoy en Babilonia dura.
De aquel que robó del Templo
vasos y riquezas sumas,
despojo sagrado ya
de mi majestad augusta.
De aquel, en fin, que a los campos
pació la esmeralda bruta,
medio hombre, medio fiera,
monstruo de vello y de pluma
hijo soy, deidades bellas,
y por que le sustituya
como en el reino en la fama,
como en la fama en la furia,
los altos dioses que adoro,
de tal condición me ilustran,
que no dudo que en mi pecho
o se repita o se infunda
su espíritu, y que heredada
el alma, también se funda
en mi cuerpo, si es que dos
pudieron vivir con una.
No el ser, pues, rey soberano
de cuanto el Tigris circunda,
de cuanto el Éufrates baña
y de cuanto el sol alumbra
por tantas provincias, que
a sólo verlas madruga,
por que no se cumpla el día
sin que la tarde se cumpla

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