La cena de Baltasar (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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¿Quién podrá? ¿Quién de mi fe
en esta justa esperanza
tomar por vos la venganza?
MUERTE Yo podré.
(Sale LA MUERTE con espada y daga, de galán, con un
manto lleno de muertes.)
DANIEL Fuerte aprensión, ¿qué me quieres,
que entre fantasmas y sombras
me atemorizas y asombras?
Nunca te he visto; ¿quién eres?
MUERTE Yo, divino profeta Daniel,
de todo lo nacido soy el fin;
del pecado y la envidia hijo cruel,
abortado por áspid de un jardín,
la puerta para el mundo me dio Abel;
mas quien me abrió la puerta fue Caín,
donde mi horror introducido ya,
ministro es de las iras de Jehová.
Del pecado y de la envidia, pues, nací,
por que dos furias en mi pecho estén;
por la envidia caduca muerte di
a cuantos de la vida la luz ven;
por el pecado muerte eterna fui
del alma, pues que muere ella también.
Si de la vida es muerte el expirar,
la muerte así del alma es el pecar.
Si juicio, pues, de Dios tu nombre fue,
y del juicio de Dios rayo fatal
soy yo, que a mi furor postrar se ve,
vegetable, sensible y racional,
¿por qué te asombras tú de mí, por qué
la porción se estremece en ti mortal?
Cóbrate, pues, y hagamos hoy los dos
de Dios tú el juicio, y yo el poder de Dios,
aunque no es mucho que te asombre, no,
aun cuando fueras Dios, de verme a mí,
pues cuando él de la flor de Jericó
clavel naciera en campos de alhelí,
al mismo Dios le estremeciera yo
la parte humana, y al rendirse a mí,
turbaran las estrellas su arrebol,
la faz la luna y su semblante el sol;
titubeara esa fábrica infeliz
y temblara esa forma inferior,
la tierra desmayada su cerviz,

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