La cena de Baltasar (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

Página 13 de 29

luchando piedra a piedra y flor a flor;
a media tarde, joven infeliz,
expirara del día el resplandor,
y la noche su lóbrego capuz
vistiera por la muerte de la luz.
Mas hoy sólo me toca obedecer;
a ti sabiduría, prevenir;
manda, pues, que no tiene que temer
matar el que no tiene que morir:
mío es el brazo, tuyo es el poder;
mío el obrar, si tuyo es el decir,
harta de vidas sed tan singular,
que no apagó la cólera del mal.
El más soberbio alcázar, que ambición,
si no lisonja, de los vientos es.
El muro más feliz, que oposición,
si no defensa, de las bombas es,
fáciles triunfos de mis manos son,
despojos son humildes de mis pies;
si el alcázar y muro he dicho ya,
¿qué será la cabaña? ¿Qué será?
La hermosura, el ingenio y el poder
a mi voz no se pueden resistir;
de cuantos empezaron a nacer,
obligación me hicieron de morir:
todas están aquí; ¿cuál ha de ser
la que hoy, juicio de Dios, mandas cumplir?,
que el concepto empezando más veloz
no acabará de articular la voz.
Entre aquella vital respiración
que desde el corazón al labio hay,
parará movimiento con la acción,
el artificio que un suspiro tray:
cadáver de sí mismo el corazón
verás, rotos los ejes, como cay
sepulcro ya la silla en que era rey,
justo decreto de precisa ley.
Yo abrasaré los campos de Nembroth;
yo alteraré las gentes de Babel;
yo infundiré los sueños de Behemoth;
yo verteré las plagas de Israel;
yo teñiré las viñas de Nabot;
yo humillaré la frente a Jezabel;
yo mancharé las mesas de Absalón
con la caliente púrpura de Amón;
yo postraré la majestad de Acab,
arrastrado en su carro de rubí;
yo, con las torpes hijas de Moab,

Página 13 de 29
 

Paginas:


Compartir:




Diccionario: