La hidalga del valle (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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de Dios; pues naciendo de ella
sin pecado, no hay de qué
lavarse; con que se prueba
que concebida en pecado
ha de ser su madre mesma;
o no ha de ser redimida
con su sangre; considera
cuál la puede estar mejor,
o cuál es más preeminencia:
ser concebida en pecado,
o no ser (aquesto es fuerza)
partícipe de la Sangre
de Dios; y por que no pierda
tiempo, a buscar el Furor
voy, piensa bien la respuesta.
(Vase.)
PLACER ¿Quién me metió en argüir
(siendo un mentecato yo)
en lo que tanto importó
estudiar y discurrir?
No sé qué me he de decir;
mi ignorancia está vencida:
¿que no ha de ser redimida
con la sangre esta mujer
de Dios-Hombre, o ha de ser
en pecado concebida?
Dejar de gozar favor
tan sumo, como llegar
su sangre a participar,
ya es un defecto, en rigor;
ser de la Culpa al Furor
avasallada, y rendida,
ya es otro; pues elegida
de Dios, ¿no le ha de tener,
luego en Gracia puede ser
redimida y concebida?
Sí; pues con eterno aviso
(no lo extraño ni lo dudo)
Dios quiso hacer cuanto pudo,
y pudo hacer cuanto quiso;
luego que sea, es preciso,
esta Virgen escogida
para Madre, preferida
en todo, siendo en su estado
concebida sin pecado,
y con sangre redimida.
¡Oh, quién supiera explicar
el cómo esto puede ser!
Que en mi modo de entender
ya lo he llegado a alcanzar;
esta azada he de tomar,
(Toma un azadón y cava.)
y un hoyo en la tierra herida
he de hacer: o si mi vida
mostrarse al volver los dos,
que es redimida de Dios,
y sin Culpa concebida!
(Salen LA GRACIA, LA NATURALEZA y EL AMOR DIVINO y los
músicos.)
GRACIA Pues victoriosos nos vemos
con el eterno blasón

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