El castillo de lindabridis (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

Página 12 de 66

en mi vida no llegara;
porque yo en mi vida fui
amigo de meter paz,
desde un día que llegué,
riñendo dos, y el que fue
el riñón más pertinaz
me abrió un geme de cabeza,
por abrirla a su enemigo;
y luego, cortés conmigo,
me dijo con gran tristeza,
cuando ya estaba en poder
de la quirurga impiedad,
"Caballero, perdonad;
que yo no lo quise hacer."
CLARIDIANA: ¿Que de burlas, Maladrín,
vienes a darme la muerte?
MALANDRÍN: Pues ¿qué tenemos?
CLARIDIANA: Advierte
que hoy es de mi vida el fin.
Aquesa fábrica bella
que escalar el cielo ves
la de Lindabridis es,
y Lindabridis aquélla
que, con hermoso arrebol,
da a los campos alegría,
sin que le haga falta al día
irse ya poniendo el sol.
¡Qué hermosa es! ¡Valedme, cielos!
Pero mírola celosa;
que quizá no es tan hermosa
a quien la mira sin celos.
MALANDRÍN: ¡Válgame el cielo! ¿Ésta es
aquella ligera torre
que en el mundo vuela y corre,
sin tener alas ni pies?
¿Y ésta la que día y noche
--de verla me maravillo--
dice, "Pónganme el castillo,"
como si dijera "el coche,"
cuya caja es cal y canto
que por un encanto rueda?
Aunque en esto a otros no exceda,
pues no hay coche sin encanto,
diciendo muy sin cuidado,
"Anda al reino del Mogor"
como "a la Calle Mayor,
a las vistillas o al Prado."
Y, caminando ligero,
que el sol no puede igualallo,
ni se le manca un caballo,
ni se emborracha un cochero.
Éste...
CLARIDIANA: Calla ya.
MALANDRÍN: ¡Ay de mí!
No hablaré más que un jumento.
CLARIDIANA: (Dame, amor, atrevimiento, Aparte
y empiece tu engaño aquí.)

Si el respeto o el temor
con que a los umbrales llego
de este encantado prodigio,
fábula hermosa del tiempo,
puede merecer, señora,

Página 12 de 66
 

Paginas:
Grupo de Paginas:       

Compartir:




Diccionario: