El castillo de lindabridis (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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..el que...--¡pena rigurosa!--
...arrojado...--trance fuerte!--
...del mar...--¡miserable muerte!--
...llegó...--¡tirano rigor!--
...a mis pies...--¡fiero dolor!--
...porque así...--¡valedme, cielos!--
...cuando él me mata de celos,
le vea yo muerto de amor.
Bien digo; pues sus rigores
es razón que yo presuma
que los castigó la espuma,
que es madre de los amores.
Ya son mis penas mayores.
Llorad, ojos; sentid, labios;
no os acordéis, poco sabios,
de ofensas hechas y dichas;
que es vil quien en las desdichas
se acuerda de los agravios.
Cesen, pues, venganzas fieras,
y haga finezas mi fe.
Vivieras, oh Febo, aunqué
en otros brazos vivieras.
Estas son las verdaderas
muestras de quien quiere y ama.
¡Oh mar, oh bajel, oh llama,
ya es occidente crüel
tu teatro, pues en él
murió Febo!

Vuelve en sí FEBO


FEBO: ¿Quién me llama?
¿Dónde estoy, piadosos cielos?
CLARIDIANA: ¡Albricias, alma! (Mas no; Aparte
que si él vuelve a vivir, yo
volveré a morir de celos.
Mas viva él, y mis desvelos
vivan. Si en tan breves plazos,
oh Amor, ataste sus lazos,
y mi fe milagros labra,
no me tomes la palabra
de que viva en otros brazos.)
FEBO: ¿Quién eres tú, que con llanto
la voz en el aire quiebras
y mis exequias celebras?
CLARIDIANA: Quien sintió tu muerte cuanto
siente ya tu vida, tanto
es mi asombro duro y fuerte,
que en tu vida y muerte advierte
una pena dividida,
pues muerto te diera vida
quien vivo te dará muerte.
Y así, pues pasó el severo
rigor, y pues vivo estás,
no tengo que esperar más;
cobra ese perdido acero;
que cuerpo a cuerpo te espero
donde a mi honor dé esta palma.
FEBO: Hombre que en tan triste calma
para mi desdicha has sido
un enigma con sentido,
un laberinto con alma,
¿cómo mi muerte sentiste,

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