El castillo de lindabridis (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

Página 27 de 66

que de un veneno tengo el pecho lleno,
y se hace más lugar otro veneno.)
CLARIDIANA: Semidiós de estos montes
que, llenando de horror sus horizontes,
por no ser fiera y hombre en una esfera,
dejaste de ser hombre y no eres fiera,
esa belleza vive
a cuenta de este acero. Así apercibe
el nudoso bastón, que partir quiero
contigo el sol.
FAUNO: Pues yo llevarle entero;
que si es sol la belleza
de esta excelsa deidad, fuera bajeza
partirle ni aun un rayo; y más contigo,
que eres, puesto conmigo,
átomo comparado
al sol, cárdeno lirio cotejado
al ciprés eminente,
mendigo arroyo al rápido corriente
del Nilo, sombra pálida y pequeña
a la inmensa estatura de esta peña.
CLARIDIANA: No, barbaro, blasones,
ni de ajenos aplausos te corones;
que, si eres sol, soy luna,
a cuyo eclipse mengua tu fortuna;
si ciprés, soy la muerte,
que en fúnebre arrebol hoy le convierte;
si Nilo, mar sediento que le bebe,
si montaña, homenaje soy de nieve,
que su eminencia inclina,
cuando a rayos de hielo le fulmina.
FAUNO: Acis, mancebo de esta Galatea,
si soy el Polifemo vuestro, sea
este bastón, ya que no aquella roca,
urna mucha, pirámide no poca.

Riñen, dale FAUNO con el bastón a
CLARIDIANA, y cae


CLARIDIANA: ¡Muerto soy!
LINDABRIDIS: ¡Ay de mí!
FAUNO: ¿De qué te espantas?
Mira, mira a tus plantas
flor, arroyo, cristal, jardín y fuente,
salpicados de púrpura caliente;
y, si fiero y sangriento no te obligo,
cortés amante quiero ser contigo.
Cuanto metal se encierra
en las pardas entrañas de la tierra,
y cuantas piedras cría
ese luciente aparador del día,
pondré a tu pie de nieve,
que hidrópica esa cueva se las bebe,
porque registro fue del peregrino
que, hallando puerto aquí, perdió camino.
Un breve instante espera

Página 27 de 66
 

Paginas:
Grupo de Paginas:       

Compartir:




Diccionario: