La hija del aire (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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Toma la posesión, paga la gente,
y todo esto sea brevemente;
porque tu aviso creo
que te le está notando mi deseo;
que yo con la divina y soberana
beldad de Irene, mi gallarda hermana,
a quien, la Palas siendo de este Marte,
mis aplausos debieron tanta parte,
ir a Nínive quiero;
en ella, pues, te espero,
para partir contigo
mi cetro y mi corona. El sol testigo
será de una privanza
a quien nunca se siga la mudanza.
MENÓN: Invictísimo joven, cuya frente
no sólo de los rayos del Oriente
inmortal se corona,
pero de zona trascendiendo en zona,
de hemisferio pasando en hemisferio,
hasta el ocaso extenderá su imperio,
yo estoy de ti premïado
sólo con ver, señor, que hayas llegado
a dejarte pagar de mis deseos;
que nadie es acreedor de tus trofeos,
sino tu aliento sólo,
Marte en la guerra y en la paz Apolo.
NINO: Dame, Menón, tus brazos,
y cree que aquestos lazos
nudo serán tan fuerte
que sólo le desate...
MENÓN: ¿Quién?
NINO: La muerte.

Vase NINO


IRENE: De mil contentos llena,
no a dar, a recibir la enorabuena
me ofrezco yo, Menón, porque a ninguna
persona toca más vuestra fortuna.
MENÓN: En eso no hacéis nada,
que sois en ella muy interesada;
pues cuanto yo valiere,
no es más que un corto don que darme quiere
el Cielo, porque tenga
un sacrificio más que se prevenga
llegar con mudo ejemplo
al no piadoso umbral de vuestro templo.
Dadme a besar la mano,
si merezco favor tan soberano
en esta despedida.
IRENE: La mano no, los brazos y aun la vida
os doy, Menón, en ellos.
MENÓN: ¡Oh, si como adorallos, merecerlos
hoy mi humildad pudiera!
IRENE: Haced breve esta ausencia.

Vase IRENE

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