La hija del aire (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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MENÓN: Feliz fuera
amante que a adorar un sol se atreve,
si él a la ausencia hacer pudiera breve.
LISÍAS: (Aunque el ver he sentido Aparte
que mi patria hoy a ser haya venido
vasalla del vasallo,
callaré, pues no puedo remediallo.)
La merced que os ha hecho
el Rey, Menón invicto, ya mi pecho
por propria reconoce;
largas edades vuestra edad la goce.
MENÓN: No dudo yo, Lisías,
tendréis por vuestras las venturas mías;
mas lo que a vos y a todos juntos digo
es que en mí, no señor, tendréis amigo
que a todos os estime,
y sólo a honraros el poder me anime.
CHATO: Pues si hoy amigo y no señor tenemos,
justo es que como amigos nos tratemos.
¿Cómo estáis? Y pues es cosa asentada
que a un amigo no se ha de callar nada,
y más cosas de pena y de cuidado,
sabed que con Sirene estoy casado.
Llegad acá, verá mi amigo agora
con qué cara amanezco cada aurora.
SIRENE: ¿Es la vuesa mejor?
CHATO: No, mas la mía
no es mi mujer.
MENÓN: Dejad para otro día
el gusto de escucharos.
Lisías, hoy fïaros
de mi cuidado espero
la parte principal; venid, que quiero
que me advirtáis en todo
el estilo y el modo
de alojar, mientras pago aquesta gente;
y quiero juntamente
que noticias me deis de aquesta tierra,
y qué es lo que en sus términos encierra.
LISÍAS: En todo he de serviros.
MENÓN: Viento, llévale a Irene estos suspiros;
y tú, diosa Fortuna,
condicional imagen de la luna,
estáte un punto queda;
diviértela tú, Amor, para su rueda,
para que sean testigos
los cielos, que una vez han sido amigos.

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