La hija del aire (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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fuera el negarlo decencia;
pero esto es en cortesía.
FLORO: ¿Quién vio tan villano agrado?

Sale CHATO


CHATO: ¡Válame Dios, sor soldado!
¿Pues tanta priesa corría,
que no esperarais a entrar
en casa? Venid, por Dios,
no deis qué decir de vos
en la calle.
SIRENE: Maliciar...
CHATO: ¿Yo malicio?
FLORO: Es muy mal vicio.
En cortesía me dio
este abrazo; y así, no,
no malicies.
CHATO: ¿Yo malicio?
Ya sé yo que es muy cortés
Sirene, y esto advertí,
que está muy seguro en mí.
No os enojéis; entrad, pues,
en hora buena, señor.
FLORO: Pues que es más vuestra que mía,
venid acá en cortesía.

Llévala de la mano


CHATO: Ya estamos solos, honor.
¿Qué hemos de hacer? ¿Qué sé yo?
Si el mundo bajo me hizo
de barro tan quebradizo,
y de bronce o mármol no,
¿qué hay que esperar, si me ven
quebrar al primero tri?
¿Eso dices, honor? Sí;
juro a Dios que dices bien.
¿Qué pie o brazo me ha quebrado
su abrazo? ¿De qué me asusto?
Fuera que sentir el gusto
del primero es gran pecado;
y entre éstas y esotras, yo,
por estarme discurriendo,
aun estorbar no pretendo.
¿Quién igual venganza vio?

Salen LIBIO y ARSIDAS y detienen a CHATO


LIBIO: Ah villano, deteneos!
CHATO: Tengo un poco que estorbar,
y por ahora no hay lugar.
ARSIDAS: esponded a mis deseos.
Decidme, ¿el Rey Nino, cuándo
a esta provincia llegó?
CHATO: Hoy llegó, y hoy se ausentó.
ARSIDAS: ¿Y hacia dónde va marchando?
CHATO: Hacia Nínive.
ARSIDAS: Y decid,
¿qué tanto Nínive está
de Ascalón?
CHATO: Pienso que habrá
cien millas.
ARSIDAS: ¿Por dónde? Oíd.
CHATO: Todo eso es cosa perdida;
si es que a mi huésped buscáis,

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