La hija del aire (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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el verla, que no he de verla;
porque quiero hacer por ti
una tan grande fineza,
como el excusar, Menón,
que tan bien no me parezca.
El primor de la pintura
quiero pagártele a renta.
Veinte talentos te doy,
que a ella en mi nombre le ofrezcas.
Pero quiérote advertir
que en tu vida no encarezcas
hermosura a poderoso,
si enamorado estás de ella;
porque quizá no hallarás
otro que vencerse sepa;
y alabar lo que se ama
puede ser que sea fineza;
pero no puede dejar
de ser fineza muy necia.

Vase NINO


IRENE: ¿Qué retórico orador,
qué enamorado poeta
os dio para esa pintura
tantas rosas y azucenas,
tanto oro, tanto marfil,
tanta nieve, tantas perlas?
MENÓN: Todo esto fue desvelar,
llegando vos, la sospecha
del Rey.
IRENE: Y antes que llegase,
¿porqué fue el encarecerla
tanto, que ya la atención
a oír estaba dispuesta?
MENÓN: Porque el modo del hallarla,
que no oisteis, le hizo fuerza
para que se la pintara.
IRENE: ¡Buena disculpa!
MENÓN: ¿No es buena?
IRENE: Sí debe de serlo; pero
aunque yo quiera creerla,
no puedo.
MENÓN: ¿Porqué?
IRENE: Porque
acción, semblante, ni lengua
no os disculpa como a quien
tiene gana que le crean,
sino como a quien no importa;
y para mí mejor fuera
no disculparos que no
disculparos con tibiezas.
MENÓN: ¿Vos desconfïanza?
IRENE: ¿Quién
os dijo que yo la tenga?
MENÓN: Los celos que...
IRENE: ¿Qué son celos?
Callad; que es segunda ofensa.
Una llave que tenéis
de mis jardines, ¿qué es de ella?
MENÓN: Yo os la volveré; y estimo
de miraros tan exenta
de los celos, pues con eso
podré...
IRENE: No podréis. La lengua
tened, porque habrá sin mí

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