La hija del aire (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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de laurel; a ti, divino
pasmo de aquestas montañas,
la vida debo. Y así,
con demostraciones varias
honrar a los dos pretendo,
a cuyo efecto la fama
quiero que convide a cuantos
príncipes contiene el Asia
a estas bodas, y que en ellas
públicas fiestas se hagan,
que mis grandezas publiquen...
(Y que dilaten mis ansias). Aparte
MENÓN: Señor, aunque generoso
a tus hechuras ensalzas,
para un amante no hay fiestas
como que fiestas no hagan.
SEMÍRAMIS: ¿Por qué? Si el rey quiere honrarnos,
Menón, con mercedes tantas,
no a mi presunción le quites
la vanidad de lograrlas.
IRENE: Dice Semíramis bien.
(¡Oh, si pudiesen mis ansias Aparte
dar término, cielo, entre
mi deseo y mi venganza!)
NINO: Pues tú, bellísima Irene,
a Semíramis gallarda
contigo a Nínive lleva,
por sus calles y sus plazas
en tu real carro, vestida
de plumas, joyas y galas.
Triunfe, y como a mí se humillen;
que a su beldad soberana
su rey le debe la vida
y solicita pagarla.
IRENE: Ven, Semíramis, conmigo;
que yo haré lo que el rey manda.
(Y aun lo que el rey no mandare; Aparte
pues haré que tu esperanza
en el horror de mis celos
tropiece, ya que no caiga.)
NINO: Acompañad a las dos
todos.
SEMÍRAMIS: (Altiva arrogancia Aparte
ambicioso pensamiento
de mi espíritu, descansa
de la imaginación; pues
realmente a ver alcanzas
lo que imaginaste; pues
aun todo aquesto no basta;
que para llenar mi idea
mayores triunfos me faltan.

Vanse las damas


CHATO: ¡Ha visto y qué tiesa va!
Apenas volvió la cara.
¡Ay tontilla, que no en vano

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