La hija del aire (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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puede darlo a entender traza
que ella entienda que la olvidas,
y que mi amor no lo manda.
MENÓN: Ni aqueso puedo tampoco;
que fuera acción muy villana
dar yo a partido mis celos.
Tercero de mis desgracias,
daré a entender que la olvido,
y lo haré desde mañana;
mas dando a entender también
que eres tú quien me lo manda.
NINO: ¿No te la puedo quitar?
MENÓN: Ya sí, señor, mas repara
que ésa es violencia forzosa,
y ésta es ruindad voluntaria.
En quitármela tú, harás
una tiranía; en dejarla
yo, una infamia; y al contrario,
tú una grandeza en no amarla,
yo una fineza en quererla.
Mira agora las distancias
que hay de tiranía a grandeza,
y que hay de fineza a infamia.
NINO: Pues ¿qué te vengo a deber
yo en aquesta parte?
MENÓN: Nada,
sino el consejo de que
me la quites; que si aguardas
hallar conveniencia en mí,
en mí, señor, no has de hallarla,
ni es posible.
NINO: ¿Cómo?
MENÓN: Escucha.
En nuestro cuerpo está el alma,
sin tener determinado
lugar; si muevo la planta,
alma hay allí, alma también
hay en la mano al mandarla.
Sucede, pues, que me corte
la planta o la mano, ¿falta
con la porción de aquel cuerpo
aquella porción que estaba
del alma allí? No. ¿Qué se hace?
A su estado, a incorporarla
se reduce. Alma es en mí
mi amor; lugar no se halla
donde no esté; y así, aunque hoy
a pedazos le deshaga,
cortándome las acciones
de verla, oírla y hablarla,
en la razón que me queda,
a la imitación del alma,
siempre se ha de hallar mi amor

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