Las cadenas del demonio (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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triste y confuso me veo.
LICANORO: Del dios que ignoro, hasta agora
principio ninguno hallé.
y aunque por saber de él llora
el alma, ciega es la fe
que a uno busca y a otro adora.
Si a Dios busco, a vos no os veo;
si os veo a vos, a Dios ignoro;
y así está mi devaneo
sin vos, por lo que os adoro,
sin Dios, por lo que os deseo.
CEUSIS: Desde el instante que os vi,
toda el alma os entregué;
y aunque el agravio sentí
de Astarot, también mi fe
me ha dejado a mí sin mí.
Perdone su ofensa el dios,
y dé castigo a los dos;
pues me ha de hallar desde aquí
con vos, porque estáis en mí,
sin mí, porque estoy en vos.
LICANORO: Tan corta es la dicha mía
que aun ser esperanza ignora.
CEUSIS: La mía no; porque sería
mostrar, quien sin ella adora,
cuán poco al mérito fía.
LICANORO: Yo no aspiro a tanto empleo...
CEUSIS: Yo aspiro a cuanto deseo...
LICANORO: ...y con gusto...
CEUSIS: ...y con pesar...
LICANORO: ...he de vivir...
CEUSIS: ...he de estar...
LICANORO: ...sin vos.
CEUSIS: ...porque no os poseo.

IRENE: Si sois los que me habláis, dudo,
cuando a oír a los dos llego,
que a vos os jugzaba ciego
y a vos, Licanoro, mudo.
LICANORO: Nunca con más causa pudo
juzgarlo vuestra hermosura.
CEUSIS: Una razón lo asegura
bien en mí.
LICANORO: Y en mí lo advierte
un ejemplo.
IRENE: ¿De qué suerte?
CEUSIS: Ciego es [a] aquel que la pura
luz del sol falta.
IRENE: Es así.
CEUSIS: Y ciego, Irene, también
viene a ser aquel a quien
la luz del sol ciega.
IRENE: Di.
CEUSIS: [......................-í?]
Luego en mí este ejemplo cobra
fuerza; ciego estoy, pues obra
una experiencia tan alta,

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