Las cadenas del demonio (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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introducir el nombre,
predicándole Cristo, Dios y hombre,
ya de estos montes, que traidores fueron,
pues tres días oculto le tuvieron,
falta. Yo lo he sabido,
porque no hay para mí centro escondido,
siendo yo Selenisa,
del gran dios de Astarot la pitonisa.
Estos páramos vivo,
donde observo mejor, mejor percibo
los humanos desvelos
en el rápido curso de los cielos.
Por mis observaciones he alcanzado
que a un duelo va aplazado
donde, si bien infiero
que el gran dios de Astarot parezca, quiero
entre sus sabios verme,
por ver así si a mí puede vencerme.
Esta la causa ha sido
de haber," dije, "a la luz del sol salido."
Mas él, que de mi acción mi ser colige,
me dijo...
CEUSIS: Yo diré lo que te dije.
"Vente conmigo, adonde
tu ciencia, que a tu ingenio corresponde,
este prodigio venza.¯
DEMONIO: Obedecíle, y pues cuando comienza
el argumento llego,
que me admitas a él, señor, te ruego.
REY: De que tú a este concurso hayas venido
estoy a mi fortuna agradecido.

DEMONIO: Pues yo, dándome, señor,
vuestra majestad licencia,
vos, serenísima infanta,
altos príncipes, nobleza
y plebe, porque a ese espanto
hoy todo tu pueblo vea,
que, siendo yo una mujer,
menos capaz de la ciencia,
basto para conclüirle,
le propondré la primera
cuestión, y podrán después
tomar la réplica de ella
con mayor autoridad
los que mejor la defiendan.
LIRÓN: (Malo es ser dios en cuclillas; Aparte
quebradas tengo las piernas.)
DEMONIO: Tú, peregrino extranjero,
¿en tus principios asientas
un dios solo, y que éste es
tres personas y una esencia?
BARTOLOMÉ: Sí.
DEMONIO: No es esa la cuestión,
aunque contra ésa pudiera
argüir, porque pretendo
tomarla desde más cerca.
Después de haber asentado
esa Trinidad inmensa,
asientas también que Cristo
es Dios; y así contra esta

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