Las cadenas del demonio (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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tanta verdad hasta hoy
de otra nueva ley! Supuesto
que se ha cumplido en lo atroz
de mi vida, en lo piadoso
se cumpla. Cristo es el Dios
verdadero.
REY: ¡Cristo viva!
Yo le ofrezco adoración.
LICANORO: Yo templo y aras.

Vase


IRENE: Yo altares
y sacrificios.
CEUSIS: Yo no,
sino rayo desde aquí
ser de su persecución.
REY: Ven tú conmigo, y al punto
se dé en mi corte un pregón
que muera por traidor quien
no dijere en alta voz,
"Cristo es el Dios verdadero,
Cristo es verdadero Dios."

Vanse todos menos CEUSIS


CEUSIS: ¡Cielo! ¿qué es esto que escucho?
Mas celos diré mejor,
supuesto que cielo y celos
mis dos enemigos son.
Saldréme al campo a dar voces
a solas con mi dolor.
¡Que pueda tanto un encanto!
Pues ¿no bastó, no bastó
deshacer los simulacros
de mi antigua religión
sino quitarme también
la esperanza de mi amor?
¿Qué venganza mi tormento,
qué castigo mi dolor
tomará de este tirano?
¿Quién le dará a mi rencor
alivio? ¿Quién me dirá
cómo he de vengarme?

Dentro el DEMONIO


DEMONIO: Yo.
CEUSIS: Errada voz que los vientos
discurres y con veloz
acento me atemorizas,
¿qué es del cuerpo de esta voz?
¿De esto que yo te dije eres
sombra acaso o ilusión
de mi ciega fantasía?
¿Tú, qué me respondes?
DEMONIO: No.

Aparece el DEMONIO atado con una
cadena


CEUSIS: Pues ¿dónde estás?
DEMONIO: En el centro
de aqueste peñasco estoy.
CEUSIS: Deja, deja el duro espacio
de esa lóbrega prisión.
DEMONIO: No puedo; que aprisionado
con una cadena atroz
de fuego que me atormenta
me miro; y así...
CEUSIS: ¡Qué horror!
DEMONIO: Acércate a mí, pues que
a ti no me acerco yo.
CEUSIS: No pudiéndose extender

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