Las cadenas del demonio (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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estoy de aquel pacto libre.
DEMONIO: ¡Calla, no prosigas, calla,
que ésta es la hora que a él
le rompen y despedazan
los verdugos de Astiages
el corazón, las entrañas,
viva imagen de la muerte!
Pues el pellejo le rasgan,
hasta que el sangriento filo
le divida la garganta.
¡Mira para tu socorro
si tienes buena esperanza!
LICANORO: (¡Cielos! ¿Otro dolor? Pues Aparte
el de los celos ¿no basta?)
DEMONIO: ¿No fuiste mía?
LICANORO: (¡Qué pena! Aparte
Mas ¿qué mi paciencia aguarda?)
¡Injusto, tirano dueño
de mi vida, honor y fama,
muere a mis manos!
DEMONIO: ¡Al cielo
pluguiera que fuera tanta
mi dicha que yo pudiera
morir! Mas ya que no alcanzan
victoria de esta mujer
por ahora mis venganzas,
dejarla en el ciego, el loco
poder de un celoso basta.

Vase


LICANORO: ¿Adónde de mi furor,
hombre o demonio, te escapas?
¿Eres de mis celos sombra?
IRENE: ¡Esposo, señor!
LICANORO: ¡Aparta!
Que tu amor y tu respeto,
u otra más oculta causa
que ignoro, en prisión del hielo
mis pies y mis manos ata,
para no darte la muerte.
IRENE: Pues ¿en qué te ofendo?
LICANORO: ¡Ah ingrata!
Si antiguo dueño tenías,
a quien la vida y el alma
ofreciste antes que a mí,
¿para qué, traidora, falsa,
ofendiste tanto amor,
burlaste fineza tanta?
IRENE: Verdad es...
LICANORO: ¿Que aun no lo niegas?
IRENE: ...que yo...
LICANORO: ¿Qué aun no lo recatas?
IRENE: ...ofrecí al dios de Astarot
alma y vida.
LICANORO: Calla, calla;
que el dios de Astarot no tiene
poder ya en vida ni en alma
para venirte a pedir
celos de mí. Tú me engañas.
IRENE: Verdad, Licanoro, digo.
Y si el irse--¡ay Dios!--no basta
de aquí invisible, daré
otro testigo que haga
más fe en mi crédito.
LICANORO: ¿Quién?
IRENE: Bartolomé, a cuya instancia

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