El cordero de Isaias (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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DESCUIDO El Descuido no vuela; pero andando, iré diciendo que así no errar a lo que voy pretendo. Almohadón; mas ¿para qué es la [gana 720 de estudiar hoy lo que he de errar [mañana? Vase.
BEHOMUD Ya que solo he quedado, arbitrio del Descuido y del Cuidado, dadme, Señor, licencia a consultar con vos la insuficiencia 725 de una duda, que en este sacrificio a que voy enviado me desvela, que aunque es tan [sumo grado ir en vuestro servicio, no sé qué alto misterio, qué alto [juicio, 730 que ni alcanzo ni infiero, contenga ser la víctima un [cordero, animal tan pacífico y mansueto, que al silbo del pastor viene llamado, que al mal pulido tronco del cayado 735 tan obediente nace y tan sujeto, que ni un balido el natural afeto del esquilmo le debe a la tonsura, con sencillez tan cándida y tan pura, que no le ponga de una y otra ofensa 740 en fuga el miedo, el ánimo en defensa. Sin duda, que en sí encierra o luz o viso, o símbolo o figura, que hasta hoy el cielo reservó a [la tierra; y pues un indio en discurrir no [yerra 745 que hay escondido enigma [reservado en ir a vuestro altar sacrificado, ¿cuándo, Señor, sabrá lo que predice?
Dentro cantando en tono triste, con cadencias del llanto.
PITONISA ¡Ay mísera de mí! ¡Ay infelice!
BEHOMUD Mas ¿qué triste lamento 750 es el que esparce en lástimas el viento?
PITONISA El que fingiendo el llanto de la [hiena, tu discurrir le ha hecho verdad la [pena; y así, por ti y por sí dos veces dice.
Canta ¡Ay mísera de mí! ¡Ay infelice! 755 ¡Ay mísera de mí! ¡Ay infelice!
BEHOMUD A esta parte parece que se formó el gemido; la voz es de mujer, vuelva el oído a atender, por si el eco a ser se [ofrece 760 norte boreal que me encamine [a ella, pues es fuerza buscalla y socorrella, que a mi valor desdice mujer y desamparo.

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