Las armas de la hermosura (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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del robo de las sabinas,
ve a la segunda.
VETURIA: (¡Oh inmensas
deidades! ¿Qué nuevas pueden
ser que de pesar no sean?)
115 ENIO: Sabinio, rey de Sabinia,
mal ofendido de aquella
fingida amistad, trató
hacer a Rómulo guerra,
y Rómulo resistirla,
120 careando injuria y ofensa, igualando?
el uno por castigarla,
y el otro por mantenerla justificarla o defenderla
persuadido el uno a que
satisface el que se venga
125 y el otro a que nunca tuvo
lo no bien hecho otra enmienda
del arrojo que lo obró,
que el valor que lo sustenta.
Dos veces, pues, el sabino
130 a Roma asaltó, y en ella
dos veces le obligó a que,
rechazada su soberbia,
levantase el sitio, dando asedio
a la dominante estrella
135 de Rómulo por vencida
de la suya la influencia.
En este intermedio Roma,
ufana, alegre y contenta,

vencedora de sus armas,
140 vencida de sus bellezas,
procurando reducir
a cariño la violencia,
toda era festines, toda
agasajos y finezas,
145 bien como toda Sabinia
llantos, suspiros y quejas;
que entre ofensor y ofendido
tan neutral vive la ofensa
que a uno el gozo se la olvida
150 y a otro el dolor se la acuerda.
En esta desigualdad,
ambas fortunas suspensas,
viendo Sabinio que, muerto
Rómulo, la suya adversa
155 sin dominante enemigo
quedaba y que a Numa, que era
a quien nombrado dejó
por su sucesor, resuelta
en ser república Roma,
160 no sólo le dio obediencia,entiéndase, "no sólo no le dio obediencia"

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