Las armas de la hermosura (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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PASQUÍN: (Yo, porque allí Libia señas
me hace de que allá no vaya.)
400 AURELIO: Pues porque tiempo no pierda,
retiraos todas vosotras,
cada una a su vivienda,
de donde ninguna salga,
mientras se pasa la muestra
405 de la gente que se aliste;
porque, si acaso la pesa
el ver ir contra su patria, i. e., Sabinia
no impida al que complacerla i.e., no impida que se inscriba como
intente. soldado
VETURIA: Ninguna habrá
410 tan livianamente necia
que ya no desee que Roma
contra los sabinos venza;
que las materias de honor
son tan vidriosas materias frágiles
415 que con el más leve soplo
se empañan, si no se quiebran.
Y, siendo así que estuvimos
todas a morir resueltas,
antes de admitir a quien
420 con fe y palabra no fuera

de esposo, con todo eso
el empacho y la vergüenza
de no volver a ser propias
de quien ya fuimos ajenas
425 nos obligará a que todas,
si nos diérades licencia,
saliéramos a campaña;
y yo fuera la primera
que el arnés trenzado, el fresno (sinécdoque) lanza
430 blandido en la mano diestra,
en la siniestra el escudo,
y con el tiento en la rienda,
montado el corcel bridón,
la diera a entender a Astrea
435 cómo ya de su venganza
no necesita la nuestra.
CORIOLANO: ¿Quién pudo desempeñarse
ni más noble ni más cuerda?
TODAS: Lo mismo todas decimos.
440 AURELIO: No es la resolución ésa
que queremos de vosotras.
FLAVIO: No; que otra habrá, en que se vea

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