Las armas de la hermosura (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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tan elevada sube
520 que empieza en muro y se remata en nube.
¡Oh tú de la fortuna
trasmutado teatro, cuya escena,
no sé si diga de piedades llena
o llena de crueldades,
525 --que tal vez son crüeles las piedades-- a veces
en yerto albergue dio primera cuna (aquí) áspero
a aquéllos que, arrojados Rómulo y Remo
de ignoradas entrañas, madre desconocida
hambrienta loba halló, que en sus montañas
530 recién nacidos, ya que no abortados,
eran espurios hijos de los hados!
¡Oh tú que, en lo voraz de su fiereza,
mudando especie la naturaleza, cambiando de índole
viste, en vez de ser ellos de su hambriento
535 furor destrozo, en cándido alimento blanca leche
trocar la saña, haciendo que ellos fuesen
los que della al revés se mantuviesen! i.e., de la loba
Si a sus pechos crados,
si a su calor dormidos, adormecidos
540 si de roncos anhélitos gorgeados
crecieron, arrullados a gemidos,
¿qué mucho que, bandidos, divididos en bandos o facciones
sañudamente fieros,
se juntaran con otros bandoleros

545 para vivir, sin Dios, sin fe, sin culto,
del homicidio, el robo y el insulto? agravios u ofensas
Desta, pues, compañía
Rómulo capitán, temiendo el día
de tu mudanza, a fin de resguardarse, i. e., de la Fortuna
550 trató fortificarse, tomó medidas para
para cuyo seguro
el surco de un arado lineó muro, determinó el contorno del muro
con ley tan inviolable que, su extremo
asaltarle costó la vida a Remo.
555 Éste fue (¡oh tú, otra vez, varia fortuna,
condicional imagen de la luna!) inconstante, mutable?
el origen que altiva te conserva

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