Las armas de la hermosura (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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tu lugar toma; que en medio
645 del cuerpo de la batalla
quedo yo, distribuyendo
los órdenes, porque acuda
donde convenga el refuerzo.
ENIO: Despliegue también al aire
650 su blanca bandera el pueblo,
que no es el que menos sabe
dar victorias a sus reinos.

Vase. Suenan cajas, y dentro ruido de armas

UNOS (dentro): ¡Arma, arma!
OTROS (dent.): ¡Guerra, guerra!
UNOS (dentro): ¡Fuertes sabinos, a ellos!
655 OTROS (dent.): ¡A ellos, valientes romanos!
CORIOLANO: Ya los unos descendiendo,
y ya subiendo los otros,
en el más fragoso seno
del monte, a medir las armas
660 llegan entrambos encuentros.
Disputada la batalla
crece, conque al sol cubriendo
nubes de plumas las flechas,
tempestad parece, siendo
665 del eclipse de sus rayos
cajas y trompetas truenos,
de quien relámpagos son
las chispas de los aceros.
Todo es horror, todo es grima,
670 todo asombro, todo incendio.
UNOS (dentro): ¡Avanza, caballería,

antes que en nuestro terreno
llegue a doblarse la suya.
OTROS (dent.): ¡A ellos, sabinos!
TODOS: ¡A ellos!

Suena la caja

675 CORIOLANO: ¿Qué es aquello? ¡Ay infelice!.
que a lo que desde aquí veo,
parece que, recargados
vuelven a perder los nuestros
los puestos que habían ganado.
680 ¡Ea, fortuna, ya es tiempo
de que todo lo perdamos
o que todo lo ganemos!
Síganme todas las tropas
en batallones y tercios,
685 pues no hay más órdenes ya
que dar, que morir resueltos.
¡Volved, soldados, volved!,
que ya voy a socorreros.
Piérdase la vida, y no

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