Las armas de la hermosura (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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reforzándose de nuevo,
775 vuelve, no desprevenidos
nos halle.
LELIO: Tus manos beso
por ese honor, y no tanto
por las albricias le acepto,
cuanto porque se prevenga
780 el aparatoso obsequio
del triunfo que debe hacer desfile triunfal
Roma a tu recibimiento.

Vase


TODOS: ¡Victoria por el invicto
heroico caudillo nuestro!

Sale ASTREA

785 ASTREA: ¿Victoria por el invicto
heroico caudillo nuestro?
¿Quién duda que por mi esposo
es la aclamación, supuesto
que son suyas las banderas
790 que ya de más cerca veo?
Pues ¿qué aguardo?-- Generosos nobles
sabinos, a cuyos hechos
faltan a la fama bronces,

faltan láminas al tiempo,
795 mil veces enhorabuena
sea el alto vencimiento
desos aleves romanos,
y guiadme donde dellos
victorioso vea a mi esposo.
800 CORIOLANO: Hermoso prodigio bello,
cuyo revesado enigma dicho al revés
ni le alcanzo ni le entiendo,
¿cómo a los romanos llamas
sabinos? Y ¿cómo, luego,
805 dando a quien no te oye el lauro,
das a quien te oye el desprecio?
ASTREA: Luego ¿estos timbres no son
de Sabinio?
CORIOLANO: No; que, huyendo,
segunda vez derrotado
810 a Roma la espalda ha vuelto.
ASTREA: Luego ¿esas banderas son
ganadas?
CORIOLANO: Tampoco es eso,
sino que, pues preguntaron
las suyas que «quién al pueblo
815 sabino resistiría?»,
con sus caracteres mesmos
«Senado y pueblo romano»
las nuestras le respondieron.
ASTREA: ¡Ay infelice de mí!
820 Que el equívoco me ha muerto.
CORIOLANO: Quizá te ha dado la vida,

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