Las armas de la hermosura (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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donde del pueblo romano
1130 el merecido don tengas
que tal victoria merece.
CORIOLANO: A uno y otro doy los brazos,
por ser prisiones sus lazos grillos, cadenas

que mi humildad os ofrece.--
1135 (En fin, no has de dar, fortuna,
cumplido ningún deseo, satisfecho completamente
pues a Veturia no veo,
ni aun otra mujer alguna,
por calles y plazas.
AURELIO: Ven
1140 donde honrado entre nosotros
el pueblo te vea.
FLAVIO: Vosotros
repetid el parabién.
TODOS Y MÚS.: ¡Victoria...!

Sale VETURIA

VETURIA: No prosigáis [romance]
en decir «por el invicto
1145 heroico caudillo nuestro»;
que no es de ese nombre digno.
TODOS: ¿Qué es esto, Veturia?
VETURIA: Es
que en público el valor mío
se atreve a hablar, pues habló
1150 en público vuestro edicto.
Que no es digno de ese honor
Coriolano, otra vez digo,
ni en vosotros para dado,
ni en él para recibido;
1155 porque siendo las mujeres
el espejo cristalino
del honor del hombre, ¿cómo
puede, estando a un tiempo mismo
en nosotras empañado,
1160 estar en vosotros limpio?
No blasonéis, pues, soldados,
en la rota del sabino,
de que venís con honor;
que si valientes y altivos
1165 allá le dejáis ganado,
acá le hallaréis perdido.
Inútil os fue el valor,
poco provechoso el brío,
la resolución sin logro
1170 y sin efecto el peligro,
pues [nada lográis quedando] [Valbuena B. OC]
ya de nosotras mal vistos;
que si, en fe de apetecidas,
vuestro agasajo nos hizo
1175 que descansase la queja i.

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