Las armas de la hermosura (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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e., de haber sido raptadas

a la sombra del cariño,
¿qué mucho que, despreciadas,
al contrario, el albedrío,
que fue dócil al halago,
1180 sea rebelde al desvío? desprecio o indiferencia
Como esposas nos tratasteis,
nobles, corteses y finos;
pues ¿cómo ya como esclavas
nos tratáis, con tal dominio
1185 que en mujeriles adornos
aun no nos dejáis arbitrio? libre elección
No lo sentimos por ellos;
que por lo que lo sentimos
es la desestimación,
1190 el desdén, el descariño,
el ultraje, el ajamiento; mal trato
que si el mundo en su principio
nos privó (quizá de miedo)
del uso de armas y libros,
1195 no del uso nos privó
de aquel aplicado aliño
con que la naturaleza
se vale del artificio.
Pues ¿cómo, siendo heredados,
1200 contra el natural estilo
canceláis de las mujeres
los privilegios antiguos?
¿Qué bruta nación, adonde
nunca llegar han podido
1205 ni la política en leyes,
ni la república en juicios;
¿qué adusto bárbaro, a quien quemado, tostado
tostó ardiente, erizó esquivo
el sol la tez en ardores
1210 y el aire la greña en rizos,
les negó la adoración
del humano sacrificio (aquí) civilizado
de ser ellas las rogadas
y ser ellos los rendidos,
1215 cuanto más la urbanidad
de los comercios que, dignos, trato social
sin deslizarse a indecentes,
se mantienen en festivos?
Las mujeres, a quien deben
1220 primer albergue nativo
los hombres y a quien los hombres(El plural "quienes" no se había
en dos maneras* han sido establecido en época de Cald.

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