Las armas de la hermosura (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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pues de nadie con más causa
1695 fiarme puedo, que de quien

le toca lo que le encargan.
Y así, pues que desde aquí
mi desvelo en ti descansa, cuidado, inquietud
por el Senado te nombro
1700 guarda mayor de sus guardas.
Tú le has de dar cuenta dél;
y desde hoy con más instancia, insistencia
porque, queriendo con Lelio
de su padre la desgracia
1705 en parte suplir, en él
se ha proveído la plaza
de segundo senador,
de que hoy tomará en la sala
de justicia posesión.
1710 Mira si habrá quien te haga,
el día que te le fío,
el cargo a ti de su falta.
Vesle ahí; que no quiero verle
yo. (Lástima es, que no saña.)
1715 Entrégate dél, y teme tómalo a tu cargo
que el cuchillo que amenaza
su garganta no ejecute
los filos en tu garganta.

Vase. Sale CORIOLANO

ENIO: ¿Haslo oído?
CORIOLANO: Sí.
ENIO: Pues oye
1720 también que no me acobarda
su despecho para que disgusto vehemente
libre esta noche no salgas.
En ella te espero. Adiós.
CORIOLANO: Oye. Y ¿será buena paga
1725 que vengas tú a darme vida
y yo a darte muerte vaya?
ENIO: Un medio término puede
medir esas dos distancias. conciliar
CORIOLANO: ¿Qué medio término?
ENIO: Yo,
1730 hasta salir de la raya,
contigo he de ir. Con quedarme
contigo, y en buena o mala
fortuna seguir la tuya,
resguardado, te resguardas.
1735 CORIOLANO: Eso es, porque no se pierda p

uno, perderse dos. Basta

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