Las armas de la hermosura (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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Vase. Chirimías y atabalillos

TODOS (dent.): ¡Viva Senado que sabe
dar a las victorias premio!
2155 VETURIA: ¿Quién creerá que hay caso en que
oír baldones agradezco? i.e. los de Pasquín
Libia, dime, si es verdad
lo que escucho y lo que veo;
porque ser dicha y ser mía,
2160 ser gozo y no ser ajeno,
implica contradicción.
¿Libre Coriolano, cielos?
¿Libre y con nuevos honores
restituido a sus puestos?
2165 Desengáñame tú, dime
si es cierto, Libia.
LIBIA: Y tan cierto
que, sin ser la enamorada ¿tal vez porque el amor daba vista
yo, desde aquí lo estoy viendo; penetrante? (cf. Polifemo y G.)
pues para que lo vean todos,

2170 el Capitolio han abierto.
Sosiégate; que no es bien
te descubran tus afectos.
Y más cuando todo el vulgo,
con el general contento
2175 de su perdón, trae en tropas
mujeres y hombres diciendo:
TODOS (dent.): ¡Viva Senado que sabe
dar a las victorias premio!

Con esta repetición y las chirimías y atabalillos, salen
todas las mujeres y hombres, abriéndose todo el foro, y en
un trono CORIOLANO, con laurel, manto y bastón, y a sus
lados AURELIO, LELIO, ENIO, y el RELATOR.

CORIOLANO: (Fortuna, si por asunto
2180 de tus variados sucesos
me ha elegido lo inconstante
de tu condición, a efecto índole, naturaleza
de que se acrisole en mí
ser verdad aquel proverbio
2185 de que es un sueño la vida,
pasándome tus extremos
a preso de victorioso,
y a victorioso de preso:
suspéndete en este engaño, detente

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