A secreto agravio, secreta venganza (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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A la conquista famosa
de la India, que eligió
para su tumba la noche
y para su cuna el sol,
amigos, y tan amigos,
pasamos juntos los dos,
que asistieron en dos cuerpos
un alma y un corazón.
No codicia de riqueza,
sino codicia de honor
obligó nuestros deseos
a tan atrevida acción,
como tocar con bajeles
la provincia que ignoró
por tantos años la ciencia,
nunca creída hasta hoy.
La nobleza lusitana
de su fortuna fió
naves, que ciertas exceden
las fingidas de Jasón.
Dejo esta alabanza a quien
pueda con más dulce voz
contar los famosos hechos
desta invencible nación;
porque el gran Luis de Camoens,
escribiendo lo que obró,
con pluma y espada muestra
ya el ingenio y ya el valor
en esta parte. Después,
Don Lope invicto, que vos,
por muerte de vuestro padre,
volvisteis, me quedé yo,
bien sabéis con cuánta fama
de amigos y de opinión,
que ahora perdidos hacen
el sentimiento mayor.
Pero en efecto es consuelo.
¡Ved si desgraciado soy,
que nunca le di, malquisto,
a la fortuna ocasión!
Había en Goa una señora,
hija de un hombre a quien dio
grande cantidad de hacienda
codicia y contratación.
Era hermosa, era discreta;
que, aunque enemigas las dos,
en ella hicieron las paces
hermosura y discreción.
Servíla tan venturoso,
que merecí algún favor;
pero ¿quién ganó al principio,
que a la postre no perdió?
¿Quién fue antes tan felice,
que después no declinó?
Porque son muy parecidos
juego, fortuna y amor,

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