A secreto agravio, secreta venganza (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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MANRIQUE. ¡ Dichoso yo que he llegado,
venturoso yo que he sido,
felice yo que he venido,
refelice yo que he dado
el primero labio mío
a la estampa dese pie,
que, lleno de flores,
fue primavera del estío!
Y pues he llegado a vos,
beso y vuelvo a rebesar
cuanto se puede besar,
sin ofender a mi Dios.
DOÑA LEONOR. ¿Quién sois?
MANRIQUE. El menor criado
de don Lope, mi señor
(mas no el hablador menor),
que veloz me he adelantado
por albricias de que viene.
DOÑA LEONOR. Descuido fue, bien decís,
tomad. Y ¿de qué servís
a don Lope?
MANRIQUE. Hombre que tiene
este humor, ¿ya no os avisa
que es gentilhombre su nombre?
DOÑA LEONOR. ¿Y de qué sois gentilhombre
MANRIQUE. De la boca de la risa.
Criado, a quien le prefieren
a los mayores cuidados,
y es pendanga de criados,
hecha del palo que quieren:
cuando guardo, mayordomo;
cuando algún vestido espero
de mi amo, camarero;
maestresala, cuando tomo
para mí el mejor bocado;
secretario, poco amigo,
cuando sus secretos digo;
caballerizo extremado,
cuando por no andar a pie,
con achaque de pasealle,
salgo a caballo a la calle;
cuando alguna cosa fue
tal que se guarda de mi,
soy entonces su vedor,
y después su contador;
pues a todos desde allí
lo cuento, a todos lo aviso;
cuando hurto lo que quiero
de la plaza, repostero;
despensero, cuando siso;
soy valiente cuando huyo;
y soy su cochero el día
que sus amores me fia;
y asi claramente arguyo
que soy por tan varios modos,
sirviéndole siempre así,

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