A secreto agravio, secreta venganza (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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Mas ¿cómo he de estimaros ni ofenderos?
Que quien antes de veros pudo amaros,
mal os podrá olvidar después de veros.
DOÑA LEONOR. Yo me firmé rendida antes que os viese,
y vivo y muerto sólo en vos estaba,
porque sola una sombra vuestra amaba;
pero bastó que sombra vuestra fuese.
¡Dichosa yo mil veces, si pudiese
amaros como el alma imaginaba!
Que la deuda común así pagaba
la vida, cuando humilde me rindiese.
Disculpa tengo, cuando temeroso
y cobarde mi amor, llegó a miraros,
si no pago un amor tan generoso.
De vos, y no de mí, podéis quejaros,
pues aunque yo os estime como a esposo,
es imposible, como sois, amaros.
DON LOPE. Ahora, tío y señor,
me dad los invictos brazos.
D. BERNARDINO. Y serán eternos lazos
de deuda, amistad y amor.
Y porque no culpe ahora
la dilación, a embarcar
nos lleguemos.
DONLOPE. Hoy el mar
segunda Venus adora.
MANRIQUE. Y pues que con tanta gloria
dama y galán se han casado,
perdonad, noble Senado,
que aquí se acabe la historia.
(Vanse Don Lope, Doña Leonor, Don Bernardino, Manrique y Sirena.)


Escena X
DON LUIS, CELlO.


CELlO . Señor, pues que desta suerte
hallaste tu desengaño,
vuelve en ti, repara el daño
de tu vida y de tu muerte.
Ya no hay estilo ni medio
que tú debas elegir.
DON LUIS. Sí hay, Celio.
CELlO. ¿Cuáles?
DON LUIS. Morir,
que es el último remedio.
Muera yo, pues vi casada
a Leonor, pues que Leonor
dejó burlado mi amor
y mi esperanza burlada.
Mas ¿qué me podrá matar,
si los celos me han dejado

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