A secreto agravio, secreta venganza (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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que aquese verde listón,
con que yaces declarada
por dama de la lazada
o fregona del tusón.
SIRENA. ¿Una cinta quieres?
MANRIQUE. Sí.
SIRENA. Ya aquese tiempo pasó,
que un galán se contentó
con una cinta.
MANRIQUE. Es así;
pero si yo la tuviera,
desparramando concetos,
mil y ciento y un sonetos
hoy en tu alabanza hiciera.
SIRENA. Por yerme tan soneteada
te la doy; y vete ahora,
porque viene mi señora.
(Vase Manrique.)


Escena II
DOÑA LEONOR. -SIRENA.
DOÑA LEONOR. Ya vuelvo determinada.
Esto, Sirena, es forzoso:
declárese mi rigor,
porque mi vida y mi honor
ya no es mío, es de mi esposo.
Dile a don Luis, que pues es
principal, noble y honrado,
por español y soldado
obligado a ser cortés,
que una mujer (no Leonor,
porque le basta saber
a una noble que una mujer)
le suplica que su amor
olvide: que maravilla
cuidado en la calle tal,
y no sufre Portugal
galanteos de Castilla:
que con lágrimas bañada
vuelvo a pedirle se vuelva
a Castilla, y se resuelva
a no hacerme mal casada;
porque fiera y ofendida,
si no lo hace, vive Dios,
que podrá ser que a los dos
nos venga a costar la vida.
SIRENA. Desa suerte lo diré,
si puedo verle y hablarle.
DOÑA LEONOR. ¿Cuándo falta de la calle?
Mas no hables en ella, ve
a buscarle a la posada.
SIRENA. Mucho, señora, te atreves.
(Vase.)


Escena III
DON LOPE, DON JUAN, MANRIQUE. -DOÑA LEONOR.
DON LOPE. (Ap.) ¡Ay honor, mucho me debes!
DON JUAN. Ya se acerca la jornada.
DON LOPE. No queda en toda Lisboa
fidalgo ni caballero,
que ser no piense el primero
que merezca eterna loa
con su muerte.
MANRIQUE. Justo es;
mas no pienso desa suerte
tener yo loa en mi muerte,
ni comedia ni entremés.
DON LOPE.

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