A secreto agravio, secreta venganza (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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¿Luego tú no piensas ir
al Africa?
MANRIQUE. Podrá ser
que vaya; mas será a ver,
por tener más que decir;
no a matar, quebrando en vano
la ley en que vivo y creo;
pues allí explicar no veo
que sea moro ni cristiano.
No matar, dice. Y los dos
esto me veréis guardar;
que yo no he de interpretar
los mandamientos de Dios.
DON LOPE. ¡Mi Leonor!
DOÑA LEONOR. ¡Esposo mío!
¿Vos tanto tiempo sin yerme?
Quejoso vive el amor
de los Instantes que pierde.
DON LOPE. ¡Qué castellana que estáis!
Cesen las lisonjas, cesen
las repetidas finezas.
Mirad que los portugueses
al sentimiento dejamos
la razón, porque el que quiere,
todo lo que dice quita
de valor a lo que siente.
Si en vos es ciego el amor,
en mí es mudo.
MANRIQUE. Y desa suerte
en mí endemoniado ha sido.
DON LOPE. Siempre, Manrique, parece,
que al paso que yo estoy triste,
tú estás contento y alegre.
MANRIQUE. Y dime, ¿cuál es mejor,
en pasiones diferentes,
la alegría o la tristeza?
DON LOPE. La alegría.
MANRIQUE. Pues ¿qué quieres?
¿Que deje yo lo mejor
por lo peor? Tú, que tienes
la tristeza, que es la mala,
eres quien mudarte debes,
y pasarte a la alegría;
pues será más conveniente,
que el ir yo de alegre a triste,
venir tú de triste a alegre. (Vase.)

Escena IV
DON LOPE, DOÑA LEONOR, DON JUAN.
DOÑA LEONOR. ¿Vos estáis triste, señor?
Muy poco mi pecho os debe
o yo le debo muy poco,
pues vuestro dolor no siente.
DON LOPE. Forzosas obligaciones
heredadas dignamente
con la sangre, a quien obligan
divinas y humanas leyes,
me dan voces y recuerdan
desta blanda paz y deste
olvido, en que yacen hoy
mis heredados laureles.
El famoso Sebastián,
nuestro rey, que viva siempre,

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