A secreto agravio, secreta venganza (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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REY. ¡Ah don Lope de Almeida! Si tuviera
en Africa esa espada, yo venciera
la morisca arrogante bizarría.

DON LOPE. Pues ¿pudiera quedar la espada mía
en la paz, en la que se os muestra,
cuando vos, gran señor, sacáis la vuestra?
Con vos voy a morir, ¿Qué causa hubiera
que en Portugal, señor, me detuviera
en aquesta ocasión?
REY. ¿No estáis casado?
DON LOPE. Sí, señor; mas no el serlo me ha estorbado
el ser quien soy; porque antes hoy me llama
tener mayor honor a mayor fama.
REY. ¿Cómo, recién casada,
quedará como vuestra esposa?
DONLOPE. Muy honrada
en ver que os ha ofrecido
a esta empresa un soldado en su marido;
que es noble, es varonil, y más sintiera
que a vuestro lado, gran señor, no fuera;
pues si antes por mi fama os acudía,
ahora por la suya y por la mía.
Y no es inconveniente a mi deseo
el ausentarme della.
REY. Así lo creo;
que yo lo dije porque no era justo
descasaros tan presto, y desto gusto;
que en vuestra casa, aunque la empresa es alta
podréis hacer, don Lope, mayor falta.
(Vase el Rey y el acompañamiento.)


Escena VI
DON LOPE. ¡Válgame el cielo, ¿qué es esto
por que pasan mis sentidos?
Alma, ¿qué habéis escuchado?
Ojos, ¿qué es lo que habéis visto?
¿Tan pública es ya mi afrenta,
que ha llegado a los oídos
del rey? ¿Qué mucho, si es fuerza
ser los postreros los míos?
¿Hay hombre más infelice?
¿No fuera mejor castigo,
¡cielos!, desatar un rayo,
que con mortal precipicio
me abrasara, viendo antes
el incendio que el aviso,

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