A secreto agravio, secreta venganza (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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pues conocéis al criado;
que al barco nos vamos ya.
BARQUERO. No entréis en él, porque está
solo y a una cuerda atado,
que no estará muy segura.
DON LOPE. Buscad al criado vos,
que allí esperamos los dos.
DON LUIS. (Ap.) ¿Quién ha visto igual ventura?
Él me lleva desta suerte
adonde a su honor me atrevo.
DON LOPE. (Ap.) Yo desta suerte le llevo
donde le daré la muerte . (Vanse los dos.)
BARQUERO. El criado no vendrá
en mil horas, según creo.
Mas ¿qué es aquello que veo?
¡Desasido el barco está,
rompida la cuerda! Dios
sólo los puede librar;
que sin duda que en el mar
tendrán sepulcro los dos. (Vase.)

Otro punto de la playa a vista de la quinta de Don Lopa

Escena XII
MANRIQUE, SIRENA.
MANRIQUE. Sirena, cuyo mirar
suspende, enamora, encanta,
¿vienes acaso a escuchar
a su orilla cómo canta
la sirena de la mar?
Oye un soneto oportuno,
heroico, grave y discreto:
no te parezca importuno,
porque éste es el un soneto
de los mil y ciento y uno.
(Saca Manrique un pape ly lee.)
«Cinta verde, que en término sucinta,
su cinta pudo hacerte aquel Dios tinto
en sangre, que gobierna el globo quinto,
para que Venus estuviese en cinta:
La primavera tus colores pinta,
por quien yo traigo en este laberinto,
tamaño como pasa de Corinto,
el corazón, más negro que la tinta.
Hoy tu esperanza a mi temor junte,
porque en su verde y amarillo tinte
amor flemas y cóleras barrunte;
que como a mí de su color me pinte,
no podrá hacer, aunque en arpón me apunte,
que mi esperanza no se encaraminte.»
SIRENA. ¡ Qué lindo soneto has hecho!
Pero enseña a ver si es verde

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