A secreto agravio, secreta venganza (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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REY. ¿Qué voces, duque, son ésas?
DUQUE. Fuego, dicen; y hacia allí
la quinta, que está mas cerca.
Y si no me engaño, es
la de don Lope de Almeida,
se está abrasando.
REY. Ya veo
en ímpetu salir della,
hecha un volcán de humo y fuego,
las nubes y las centellas.
Grande incendio, al parecer,
de todas partes la cerca:
parece imposible cosa
que nadie escaparse pueda.
Acerquémonos a ver
si hay contra el fuego defensa.
DUQUE. ¡ Señor! ¿Tal temeridad?
REY. Duque, acción piadosa es ésta,
no temeridad.

Escena XVIII
DON JUAN, medio desnudo. -DICHOS.
DON JUAN. Aunque
cenizas mi vida sea,
he de sacar a don Lope,
que es su cuarto el que se quema.
REY. Detened aquese hombre.
DUQUE. Desesperado, ¿qué intentas?
DON JUAN. Dejar en el mundo fama
de una amistad verdadera.
Y pues que presente estás,
es bien que la causa sepas.
Apenas, oh, gran señor,
nos recogimos, apenas,
cuando en un punto, un instante,
creció el fuego de manera,
que parece que tomaba
venganza de su violencia.
Don Lope de Almeida está
con su esposa, y yo quisiera
librarlos.

Escena XIX
MANRIQUE. -DICHOS.
MANRIQUE. Echando chispas,
como diablo de comedia,
salgo huyendo de mi casa,
que soy desta Troya Eneas.
Al mar me voy a arrojar,
aunque menor daño fuera
quemarme, que beber agua.

Escena XX
DON LOPE, medio desnudo, que saca a DOÑA LEONOR, muerta.

DICHOS.
DON LOPE. ¡Piadosos cielos, clemencia,
porque, aunque arriesgue mi vida,
escapar la suya pueda!
¡Leonor!
REY. ¿Es don Lope?
DONLOPE. Yo
soy, señor, si es que me deja
el sentimiento, no el fuego,
alma y vida, con que pueda
conoceros, para hablaros,
cuando vida y alma atentas
a esta desdicha, a este asombro,

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