La Aventura de Charles Augustus Milverton (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Podremos estar trabajando antes de me­dianoche. Milverton tiene el sueño muy pesado y se va siempre a dormir a las diez y media. Con un poco de suerte, podremos estar aquí de vuelta) a las dos, con las cartas de lado Eva en mi bolsillo.
Holmes y yo nos vestimos de etiqueta para parecer dos hombres que salían del teatro y regresaban a su casa. En Oxford Street paramos un coche, que nos llevó a una dirección de Hampstead. Allí nos apeamos, y con nuestros abrigos bien abrochados -porque hacía un frío terrible v el viento parecía pasar a través de nosotros- caminamos a lo largo del seto.
-Este asunto exige actuar con mucha delicadeza -dijo Holmes-. Los documentos están encerrados en una caja fuerte en el despacho de nuestro hombre, y el despacho es la antesala de su dormitorio. Por otra parte, como todos los tipos bajos y gordos que se dan buena vida, el hombre duerme a pierna suelta. Agatha, que así se llama mi prometida, dice que todo el servicio hace chistes acerca de lo difícil que resulta despertar al señor. Tiene un secretario que cuida de sus intereses y que no sale del despacho en todo el día. Por eso tenemos que actuar de noche. También tiene un perro muy feroz que ronda por el jardín. Las dos últimas veces que vi a Agatha era bastante tarde, y tuvo que encerrar a la fiera para que yo pudiera pasar. Esa es la casa, esa grande con terreno propio. Nos metemos por la puerta y vamos hacia la derecha, por entre los laureles. Lo mejor será que nos pongamos los antifaces aquí. Como ve, no hay luz en ninguna de las ventanas y todo marcha sobre ruedas.
Una vez puestos los negros antifaces de seda, que nos convertían en dos de las figuras más truculentas de Londres, nos acercamos furtivamente a la casa oscura v silenciosa. A uno de los lados había una especie de terraza embaldosada, a la que daban varias ventanas y dos puertas.
-Ese es su dormitorio -susurró Holmes-. Esta puerta da directamente al despacho. Lo mejor sería entrar por ella, pero está cerrada con llave y con cerrojo y haríamos demasiado ruido al forzarla. Venga por aquí. Hay, un invernadero que da a la sala de estar.
El invernadero estaba cerrado, pero Holmes cortó un círculo de cristal v abrió el pestillo por dentro.

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