La aventura de la casa vacía (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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A la mitad del descenso resbalé, pero gracias a Dios fui a caer en el sendero, lleno de arañazos y sangrando. Eché a correr, recorrí en la oscuridad diez millas de montaña y una semana después me encontraba en Florencia, con la certeza de que nadie en el mundo sabía lo que había sido de mí.
Sólo he tenido un confidente, mi hermano Mycroft. Le pido mil perdones, querido Watson, pero era fundamental que todos me creyeran muerto, y estoy completamente seguro de que usted no habría podido escribir un relato tan convincente de mi desdichado final si no hubiera estado convencido de que era cierto. Varias veces he tomado la pluma para escribirle durante estos tres años, pero siempre temí que el afecto que usted siente por mí le impulsara a cometer alguna indiscreción que traicionara mi secreto. Por esta razón me alejé de usted esta tarde cuando usted tiró mis libros, porque la situación era peligrosa y cualquier señal de sorpresa y emoción por su parte podría haber llamado la atención hacia mi identidad, con consecuencias lamentables e irreparables. En cuanto a Mycroft, tuve que confiar en él para obtener el dinero que necesitaba. En Londres, las cosas no salieron tan bien como yo había espera­do, ya que el juicio contra la banda de Moriarty dejó en libertad a dos de sus miembros más peligrosos, mis dos enemigos más encarnizados. Así pues, me dediqué a viajar durante dos años por el Tibet, y me entretuve visitando Lhassa y pasando unos días con el Gran Lama. Quizás haya leído usted acerca de las notables exploraciones de un noruego apellidado Sigerson, pero estoy seguro de que jamás se le ocurrió pensar que estaba recibiendo noticias de su amigo. Después atravesé Persia, me detuve en La Meca y realicé una breve pero interesante visita al califa de Jartum, cuyos resultados he comunicado al Foreign Office. De regreso a Francia, pasé varios meses investigando so bre los derivados del alquitrán de carbón en un laboratorio de Montpellier, en el sur de Francia. Habiendo concluido la investigación con resultados satisfactorios, y enterado de que sólo quedaba en Londres uno de mis enemigos, me disponía a regresar cuando recibí noticias de este curioso misterio de Park Lane, que me hicieron ponerme en marcha antes de lo previsto porque el caso no sólo me resultaba atractivo por sus propios méritos, sino que parecía ofrecer interesantes oportunidades de tipo personal.

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