La aventura de la casa vacía (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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A continuación, sacó del bolsillo de su abrigo un objeto voluminoso y se enfrascó en una tarea que concluyó con un fuerte chasquido, como el que produce un muelle o un resorte al encajar en su sitio. Siempre con la rodillas en el suelo, se inclinó hacia delante, aplicando todo su peso y su fuerza sobre alguna especie de palanca; el resultado fue un prolongado chirrido que terminó también con un fuerte chasquido. Entonces el hombre se enderezó y vi que lo que sostenía en la mano era una especie de fusil, con una culata de forma extraña. Abrió la recámara, metió algo en ella v cerró de golpe el cerrojo. Luego se volvió a agachar, apoyó el extremo del cañón en el borde de la ventana abierta v vi cómo sus largos bigotes rozaban la culata mientras sus ojos brillaban al enfilar el punto de mira. Oí un ligero suspiro de satisfacción cuando se acomodó la culata en el hombro y comprobé el magnífico blanco que ofrecía la silueta negra sobre fondo amarillo, en plena línea de tiro. El hombre permaneció rígido e inmóvil durante un instante v luego su dedo se cerró sobre el gatillo. Se oyó un fuerte y extraño zumbido y el prolongado tintineo de un cristal hecho pedazos. En aquel instante, Holmes saltó como un tigre sobre la espalda del tirador y le hizo caer de bruces. Pero, al momento, volvió a levantarse y agarró a Holmes por el cuello con la fuerza de un loco. Le golpeé en la cabeza con la culata de mi revólver y cayó de nuevo al suelo. Me lancé sobre él v, mientras lo sujetaba, mi compañero hizo sonar con fuerza un silbato. Se oyeron pasos que corrían por la acera y dos policías de uniforme, más un inspector de paisano, penetraron en tromba por la puerta delantera.
-¿Es usted, Lestrade? -preguntó Holmes.
-Sí, señor Holmes. Quise ocuparme yo mismo de este asunto. ¡Qué alegría volverle a ver en Londres, señor!
-Pensé que no le vendría mal un poco de ayuda extraoficial. Tres asesinatos sin resolver en un año no indican nada bueno, Lestrade. Sin embargo, en el misterio de Molesey no se comportó usted con su habitual..., quiero decir, lo llevó usted bastante bien.
Nos habíamos puesto de pie y nuestro prisionero jadeaba ruidosamente con un fornido policía a cada lado. En la calle empezaban ya a reunirse grupillos de curiosos.

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